(Ver más abajo información completa de horarios)
A pesar de que hemos logrado medir todas las dimensiones dentro del contenedor terráqueo, en su interior habitan otros universos de los que nos quedan tantas incógnitas por despejar como las del gran espacio estelar. El vértigo de la exploración sideral no tiene porqué ser mayor que la claustrofobia que provoca una cueva que serpentea sus kilométricas oquedades bajo las entrañas de la Tierra. ¿Qué nos hace sentir más vulnerables, la ingravidez liberadora de la atmósfera o la presión de las ‘atmósferas’ de las fosas marinas bajo ocho kilómetros de océano?
Si nos fijamos bien, hay pocas diferencias entre una cápsula de alunizaje lunar y un batiscafo del tamaño de un pequeño cachalote que se adentra en las Marianas, donde la luz es otra forma de agujero negro. Al igual que en el espacio, buscamos en esos fondos marinos rastros de vida que nos expliquen cómo hemos llegado hasta aquí.
Poner el pie en el subsuelo marino es un reto del tamaño de hacerlo sobre el polvo lunar. Es otro viaje al centro de la Tierra y sus profundidades. La llamada del abismo a la que siempre hemos respondido los humanos. Retos que hay que compaginar con la influencia silenciosa de un clima cambiante que ha condicionado la historia y que asoma con nuevos e imprevisibles retos derivados de la propia acción humana.
FICHA ARTÍSTICA
- GUILLERMO LÓPEZ, modera: profesor de la UVa
- SERGIO GARCÍA-DILS: espeleólogo
- CRISTINA ROMERA: oceanógrafa
- ROBERTO BRASERO: periodista y meteorólogo


