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Cada poco tiempo nos asaltan los noticieros con la presencia del viaje atolondrado de un pedrusco espacial que podría impactar con la Tierra y provocar su desaparición. Si algo así pudo acabar con los grandes saurios, ¿por qué no iban a sufrir su misma suerte los humanos? Y, si no, siempre nos queda la trayectoria de colisión de la galaxia de Andrómeda, la que tiene más papeletas para hacernos papilla… aunque habrá que tener paciencia: faltan unos cuatro mil millones de años.
La única certeza es que el Sol, como toda estrella, seguirá agotando los combustibles de su gran caldera, la quema de energía que mantiene confortable (cada vez menos) nuestra ‘pachamama’. La Tierra. Sólo necesitará un segundo para desaparecer lo que necesitó millones de años en florecer. Los científicos dicen que más que un final, será una simple transformación de materia, aunque eso no nos da consuelo como especie.
Einstein puso en duda la finitud del universo frente a la estupidez humana, cuyos límites no dejan de crecer. Uno de sus herederos, Stephen Hawking, no cree que sobrevivamos más de mil años, a menos que «nos propaguemos» por ahí.
La ciencia ficción ha explotado hasta la saciedad el mito destructor del ‘Armagedon’. Pero ni siquiera Bruce Willis podrá venir al rescate si seguimos por esta deriva de hacerle el trabajo sucio al desgaste natural del globo terráqueo. Y tampoco parece que sea fácil ni factible en un futuro cercano conseguir un pasaje ‘low cost’ para huir hacia otro globo habitable.
FICHA ARTÍSTICA
- SERGIO C. FANJUL, modera: periodista y escritor
- EVA VILLAVER: astrofísica e investigadora
- SARA TORRES: escritora
- MARTA GARCÍA ALLER: periodista y escritora


