Te sitúo. Estás en Valladolid. Comienza en este rincón informativo un paseo por la ciudad de las letras. Apresúrate. Desempolva la libreta y el lápiz, y emula a los grandes literatos que ha dado la capital castellana (léase Miguel Delibes, José Zorrilla, Rosa Chacel, Jorge Guillén…). Describe las sensaciones que, a continuación, recorrerán tu mente al descubrir todos los lugares de interés que te propone la ciudad.

Comienza la ruta frente al Ayuntamiento. Estás ante la primera Plaza Mayor rectangular que se diseñó en España. Arranca en este instante un viaje en el tiempo que te permitirá repasar la riqueza histórica de una ciudad, en la que han nacido célebres personalidades como Felipe II o Felipe IV, y donde se casaron los Reyes Católicos.

Si abandonas la Plaza Mayor por Fuente Dorada, a la izquierda, encontrarás la Bajada de la Libertad, que te conduce directamente a la majestuosa fachada del Teatro Calderón. El escenario por excelencia de la ciudad te servirá de nudo para deleitarte con los templos que se sitúan en sus calles adyacentes. 

Frente al Teatro Calderón, por la rúa estrecha que sale frente a sus soportales, accedes a una vista única. A la derecha, al fondo, la Catedral, imponente a pesar de que está inconclusa, emerge en el horizonte. A la izquierda, la iglesia de Santa María de La Antigua rivaliza con la seo en belleza y elegancia. Los libros de historia dicen que fue fundada por el Conde Ansúrez (la estatua que viste en el centro de la Plaza Mayor al inicio de este viaje) en el siglo XI.  
Una vez visitadas dos de las iglesias más destacadas de la ciudad, puedes desandar el camino y recrearte de nuevo la vista con el Teatro Calderón. El nudo distribuidor de esta historia te guiará ahora a uno de los marcos más impresionantes de Valladolid. Deja el Calderón a tu izquierda y coge la calle que va hacia arriba. Al llegar al llano, unos metros más allá, a la derecha, vas a ver algo inigualable. Uno de los símbolos de la ciudad. La Fachada de San Pablo. Ahora luce en todo su esplendor, después de la restauración a la que ha sido sometida. Detrás de la iglesia, comenzamos con la ruta de museos. Tienes a un palmo el Nacional de Escultura Policromada. Es el más importante de España en su especialidad y muestra obras de Juan de Juni, Berruguete o Gregorio Fernández, entre otros. A la vera de la fachada más famosa de la ciudad (San Pablo), una de las joyas del gótico, puedes repasar parte de la historia de Valladolid a través del Palacio de Pimentel (dicen que por una de sus ventanas sacaron a Felipe II en su bautizo porque los reyes querían que saliese directamente a la plaza y no a la calle) y del Palacio Real.

Ahora te propongo otro tipo de museo. El Patio Herreriano. Para llegar, sólo tienes que coger la calle perpendicular a la puerta de la iglesia de San Pablo y continuar disfrutando de las vistas. De camino, puedes hacer parada en la iglesia de San Benito, a la izquierda de tu marcha; puedes comprar los dulces típicos de las monjas del Convento de Santa Isabel, a la derecha del camino; y un poco más adelante, te toparás con la antigua iglesia de San Agustín, convertida ahora en el Archivo Municipal. Justo antes de llegar al templo reconvertido, a la izquierda, aparece el museo Patio Herreriano, con interesantes obras de arte contemporáneo en su interior. 

Ahora que has despertado tus sentidos y te has recreado con la belleza ornamental de la ciudad, toca un poco de relax. Sal del Patio Herreriano, hacia la izquierda, atraviesa la plaza de Poniente, continúa por María de Molina y llegarás a la Plaza de Zorrilla, donde la fuente te dará la hora. Al fondo tienes la Acera de Recoletos, tradicional por la belleza de sus edificios, y el Campo Grande, el verdadero pulmón de la ciudad. Siéntate en uno de sus bancos y disfruta de la tranquilidad que te reporta la naturaleza en pleno centro de la urbe.

Ya es hora de descansar o darte un homenaje gastronómico. Estás en el lugar idóneo. Sígueme.